Una niña de siete años, frustrada, grita durante las clases a distancia: “¡No entiendo!”. Un pequeño de ocho años tiene insomnio porque piensa que puede perder a sus padres por el covid. Una estudiante destacada ha perdido el interés en la escuela.

Estos tres casos son apenas la punta del iceberg de las consecuencias para la salud mental “en una escala sin precedentes entre los niños y niñas” de la que el Banco Interamericano de Desarrollo advirtió en medio de la pandemia.

La premisa tiene tres fundamentos básicos: el cierre de escuelas limitó el desarrollo cognitivo de las y los niños, cuarteando el uso pleno de sus sentidos; además bloqueó el apoyo socioemocional que algunas escuelas brindan y elevó los problemas de salud mental de los cuidadores con repercusiones en las y los menores.

Solo en 2020 decidieron suicidarse mil 150 menores de edad, cifra nunca antes registrada en el país. La ansiedad, la depresión, el dolor, la ira y la soledad se hicieron más presentes que nunca en la vida de las y los niños. “La pandemia puso en el foco la urgente necesidad de incluir la salud mental y socioemocional como parte de la educación”, advierte Flor Wollenstein, psicóloga y directora de ECO Casa de Aprendizaje. Sin embargo, sólo el 9 por ciento de los planteles contemplaron reforzar este aspecto dentro de su plan de estudios en el regreso a clases postconfinamiento. 

Antes de la pandemia la Secretaría de Educación Pública (SEP) reconoció que tradicionalmente la escuela ha puesto más atención al desarrollo de las habilidades cognitivas y motrices que al desarrollo socioemocional. Sin embargo, este modelo debe ser integrado desde la educación básica para ayudar a reconstruir el tejido social.

Wollenstein advierte que, así como lo señala la SEP, todas las escuelas deben implementar un plan educativo que contemple el manejo de emociones, el autoconocimiento y las relaciones positivas entre personas, mientras que las y los cuidadores deben considerar que este plan esté activo dentro de los colegios que eligen para sus pequeños. 

“No son solo estudiantes: son personas. La parte académica es solo un fragmento de la educación. Si queremos seres humanos completos, al hablar de educar tenemos que pensar en términos de salud mental”.

Subsanar las heridas que está dejando la pandemia en la salud emocional y mental de las y los niños requiere un trabajo conjunto entre el Estado, la sociedad, los colegios y las familias. “Lo que trabajemos hoy determinará la sociedad que tendremos en un futuro”. 

  • La educación socioemocional integra conocimientos que permiten comprender y manejar emociones, construir identidad personal, mostrar atención y cuidado hacia otros, colaborar, establecer relaciones positivas, tomar decisiones responsables y manejar situaciones retadoras de manera constructiva y ética.
  • “Hay una necesidad de dedicar tiempo al aprendizaje y a la reflexión que favorezca el conocimiento de uno mismo, la autorregulación, el respeto a los demás y la aceptación de la diversidad, porque de ello depende la capacidad de valorar la democracia, la paz social y el estado de derecho”.

Propósitos generales de la educación socioemocional:

  1. Autoconocimiento
  2. Autorregulación de las emociones y resolución de conflictos de manera pacífica
  3. Empatía con el otro
  4. Fortalecimiento de la autoconfianza
  5. Escucha de uno mismo y de los demás
  6. Resiliencia para enfrentar adversidades y salir fortalecidos de ellas